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Historia

“No existe gran talento sin gran voluntad” (Honoré de Balzac)

La historia de Nucha se remonta a fines de los años 70, cuando una amiga de Regina Vaena (“Reginucha” en su infancia) abrió una confitería y le pidió que la ayudara con lo que ella mejor sabía hacer: las tortas.

Aunque ese primer emprendimiento no tuvo el éxito esperado, pensó: “Si puedo hacer las tortas para ella, también puedo hacerlas para mí”. Y así salió a recorrer los cafés y pubs de la zona ofreciendo bandejas con pedacitos de tortas que con esmero preparaba desde la cocina de su casa de Belgrano, sobre la calle O´Higgins. Y así, algo que nació como un hobby, empezaba a vislumbrar un nuevo camino…

Mirando hacia atrás muchos recuerdos se encienden… tras la hiperinflación de 1989, con paso firme, el garaje de la casa de Belgrano se convertiría en una suerte de primer sucursal: hicieron una abertura en la puerta y colocaron un mostrador y una heladera. Nucha abría por primera vez sus puertas para que los vecinos pudieran disfrutar el sabor de los pasteles que veían desfilar todos los días frente a sus ventanas. La historia se repitió en 2001 y, a pesar de la crisis, Nucha inauguró el primer local en la esquina de O´Higgins y Zabala. En nuestra filosofía, los momentos difíciles fueron siempre pasos para adelante.


Tradición+ visión

Hoy, su nombre se estampa en cada una de las doce cafeterías que emplean a más de 200 personas y que elabora sus productos en la cocina-laboratorio de su planta en Paternal pero que no pierde el toque ni la tradición. Para Nucha, tradición no significa que lo de antes fue mejor; significa que lo mejor es hacerlo con la misma pasión día a día.

Ella dejó de ser la señora que salía a atender a los vecinos mientras se limpiaba las manos en el delantal; hoy es una experta repostera que ensaya nuevas recetas y sabores pero con el mismo amor por el oficio. A su lado, su hijo Javier, quien desde chico la ayudaba a batir las cremas con una espátula, es el alma comercial de Nucha.

Este camino que transitamos tiene que ver con la visión, con el olfato comercial. El mismo que hace 30 años percibía aromas dulces en los angostos pasillos de una casa de Belgrano.